Mariana Contartessi: Nuevo episodio de Argentina produce y por supuesto que hoy con Nora Resnik y como ustedes saben no soy yo la que se los va a presentar sino es la propia Nora que lo va a hacer mejor que yo. Nora, ¿cómo estás?
Nora Resnick: Hola Mariana, muchas gracias.
MC: Nora, presentate. Yo siempre digo lo vas a hacer mejor que yo.
NR: Bueno. Soy Nora Resnik, la primera mujer secretaria general de ADIMRA. No sé si hace falta que presente qué es ADIMRA.
MC: Sí
NR: Es la asociación de industriales metalúrgicos de la República Argentina. Es una organización, una asociación que tiene 120 años que nuclea a aproximadamente 20 mil empresas metalúrgicas, todas ellas del norte al sur, del este al oeste de nuestro país.
MC: Puedo decirte que recién sentí y transmitiste cierto orgullo al decir la primera mujer integrante de ADIMRA. ¿No? Y en uno de los cargos más altos. ¿Qué significa eso?
NR Ser mujer en un mundo, en el mundo metalúrgico; en el mundo del acero, particularmente, que es uno de los que conozco, no es sencillo. No es sencillo por proveedores, por colegas, no es sencillo por clientes. Pero creo que creo que lo que me ayudó a mí en toda esta carrera, que es una segunda carrera que yo tengo, es que para mí siempre fue valiosa la persona. O sea, yo no distinguí y no sentí que me distinguieran en general.
MC: En general. Porque vos originalmente tenías un sueño, un anhelo, y habías estudiado otra carrera.
NR: Claro.
MC: Nada que ver con la metalúrgica. ¿De qué te recibiste?
NR: Yo soy licenciada en Ciencias de la Educación de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Me recibí en el año 1970. Trabajé veinte años prácticamente en mi profesión como psicopedagoga.
MC: Mientras tu familia sí tenía.
NR: Mi familia tenía esta fábrica.
MC: ¿De qué?
NR: Es una fábrica que se llama Dorking Sociedad Anónima que producimos clavos, electrosoldados, y grampas para la industria de la madera y bueno comercializamos máquinas para esos insumos.
MC: Cuando crecías y elegiste este tu carrera ibas conviviendo con lo que pasaba en la fábrica. ¿Cómo era ese proceso? ¿Te interesaba o no?
NR: No, no, no me interesaba en realidad. Mi sueño primero era ser maestra rural. Cuando me recibí de maestra quería ser maestra rural. Después quería seguir psicología. Pero como esa era una carrera para locos en la época en que yo tuve que decidir, o por lo menos en alguna parte de mi familia, poniendo la maestra rural con la ciencia de la educación fui por ahí.
Después me interesó muchísimo toda la parte de la educación. Me interesa muchísimo todavía todo lo que son los currículums, todo lo que son el aggiornamento de la escuela, con lo que es la producción. Y en ese momento que trabajaba como psicopedagoga me importaba la prevención como me importa también en la industria la prevención.
MC: ¿En qué momento, Nora, tuviste que ingresar al mundo de la metalúrgica?
NR: A los 40 años. Un día que mi mamá me dijo: "Norita, hay que ser prácticos". Y era un momento en el que yo, con 20 años de carrera anterior, ya estaba un poco cansada de los chicos, estar con atención con los chicos y demás. Y no entendí lo que era hacer práctica y, evidentemente, a lo largo de los años entendí que había que estar, lo que me quería decir era, había una empresa y había que continuarla.
MC: O sea, mamá quería que siguieras en…
NR: Exactamente, exactamente. Vos sabes que yo tuve un primer año y medio de convivencia de las dos cosas.
MC: ¿Hacías las dos cosas?
NR: Sí, sí, sí. Pero es muy cómico cómo entré. Entré para todo lo que es la parte de compras. Compraba librerías. Y compraba bien, típica mujer, y compraba todos los alimentos para el comedor para que se pudiera cocinar. En tres o cuatro meses, ya compraba el acero. Y tuve que aprender, claro, tuve que aprender esto.
MC: Sí. O sea, de comprar los alimentos para la empresa, porque era, tal vez, permíteme esto. Lo entiendo así, era como un mandato familiar que tu madre te había planteado.
NR: Y digamos que era.
MC: Sé pragmática. Sé pragmática.
NR: Exacto. Exacto, exacto. Ahora, yo he hecho y esto lo he dicho muchas veces, puede gustar, puede no gustar. A mí, a carrera y el hecho de ser maestra, me sirvió muchísimo para lo que es, en esa época. Y en una PYME, no solo en la mía, sino digamos, en la época en que Peter Drucker estaba, y tengo toneladas de estantes con mucho dinero invertido ahí, siempre aspiracional, pero en realidad no tanto. Todo lo que es la planificación que hace el docente de su clase, es lo que me ayudó muchísimo, porque yo apenas entré, al poco tiempo, me encargué de la producción.
MC: O sea que pasaste, en cuatro meses, de comprar los alimentos para el comedor.
NR: Sí. A comprar el acero y un año después, un año y medio, a encargarme de la producción, porque era mi viejo el que vendía la parte comercial. Entonces, para poder vender, hay que tener el producto.
MC: Tu madre, tu madre fue la que dijo: "Sé pragmática". Tu papá, ¿qué rol jugó ahí?
NR: Mi mamá me dijo: "Hay que ser pragmática", pero nunca me presentó como: "Mi hija”, sino como “mi colaboradora".
MC: Vos puertas adentro de la casa sos la hija, pero en la fábrica, sos la colaboradora.
NR: No era ni compras, ni producción, “mi colaboradora".
MC: ¿Te puedo decir una cosa? Tu madre era una avanzada.
NR: Una cabeza.
MC: Absolutamente. Empresaria.
NR: Absolutamente, absolutamente.
MC: Y vos la heredaste
NR: Que se yo, sí, supongo que sí. La otra cosa que descubrí en la empresa es que la producción es femenina.
MC: A ver, ¿cómo es esto?
NR: Por lo menos, en mis máquinas. La industria que yo tengo hace entrar un alambre, le hace espermatozoide, pasa por una parte de la máquina que se llama matriz, y sale otra cosa que sería bebé, sale producto. Entonces, digamos que cuando yo digo esto con algunos señores, no les gusta, pero…
MC: Pero es genial, están todos riéndose.
NR: Es una cosa…Soy muy observadora. Que se yo me gusta. Y la verdad la industria me apasiona.
MC: Y empezaste todo ese proceso y... Entonces, hubo algo más. ¿Qué?
NR: Después empecé a tomarle el gusto.
MC: ¿Cuánto tiempo te llevó eso? Tomarle el gustito.
NR: No, nada, yo volvía chocha a los dos días, yo estaba chocha de la vida, aunque comprara solamente los alimentos.
MC: ¿En algún momento de haber dedicado 20 años de tu vida a una actividad para después encontrar tal vez tu lugar?
NR: No, tengo una personalidad bastante multifacética, digamos, pero sí reconozco una muy concretamente: si no tengo un título, es como que yo me lo merezco o no. ¿Viste? Estoy engañando.
MC: Bueno, la meritocracia es...
NR: Entonces, hice un curso de un año en la facultad de ingeniería, es como una diplomatura en el año 1990 creo que fue de organización y dirección de PYMES.
MC: O sea, no querías quedar como... Pero soy la dueña y no sé nada.
NR: Exacto, esas cosas de los años 60, 70.
MC: Sigue vigente para muchas mujeres.
NR: Es posible, sí, por la exigencia que tenemos dentro. Es una exigencia a la perfección, que es muy, muy difícil,
Lo que te contaba… Evidentemente, yo tengo una parte artística también, entonces todo lo que es scrap, lo que no sirve de la fábrica, lo empecé a visualizar como posible escultura, joyería, contemporánea, etcétera, etcétera.
MC: ¿Es correcto decirte si buscaste un reciclado de eso o es otro concepto?
NR: Eso lo voy a empezar ahora, no en la cantidad, pero sí en el metal. O sea, a mí me empezó a gustar por la deformación, por la unión del fuego con el metal, digamos. Entonces, hice algún taller, alguna pieza, pero bueno, la realidad a veces lleva a que uno esté muy ocupado y preocupado en otras cosas.
MC: Le tomaste el gustito a los dos días
NR: Mucho, mucho.
MC: Empezaste a hacerte cargo de toda la fábrica. ¿Cuándo, en definitiva, tomaste todo el control, teniendo en cuenta, el paso de tu padre, de tu madre?
NR: Te diría que en el año 2001.
MC: En qué momento te hiciste cargo. ¿Y cómo fue ese proceso en una Argentina en crisis y en el contexto familiar?
NR: Bueno, sufriendo un profundo conflicto familiar como tienen, después de me di cuenta la mayoría o una gran cantidad de empresas familiares, cuando los padres fallecen. Peleé mucho por la empresa, finalmente compré las partes y me quedé con la empresa recién en el 2010.
Si la pregunta es, ¿Qué hicimos en el 2001, 2002? Barríamos, pintábamos… Siempre supe que lo más importante que tenemos es la gente, o sea, además siempre he tenido una mirada social sobre la empresa, la producción, el negocio; son 70 personas, no es solamente la dueña, es todo un conjunto, por más que sea simétrico, pero es velar por todos.
MC: ¿Y cómo trabajas la estimulación del personal de las 70 personas para retenerlas en un contexto donde hay volatilidad en el trabajo, sobre todo en los más jóvenes? ¿Cómo trabajas esa interrelación entre el personal de la fábrica, la estimulación, y la capacitación constante que se requiere para un rubro como el tuyo?
NR: La capacitación es constante, o sea, en lo teórico digamos, y de los fierros y demás, eso es constante. Hay un plan de mejora, hay un plan de capacitación, eh, somos la empresa que en el año 1999 certificó la norma ISO, y ahora hoy está el auditor del IRAM en la fábrica y creo que vamos a recertificar por 25 años consecutivamente, primera empresa del sector, y nadie nos lo pidió, o sea, hay un grupo que quiere hacer las cosas bien siempre, qué se puede. Y saben que siempre se puede contar con la empresa, y va así conmigo, soy yo, y si yo no estoy, es con lo que me siguen, digamos. En ese sentido, hemos ayudado a tener casas, a tener autos, a viajar, ¿qué se yo? es multiplicar el bienestar, en todos.
MC: Nora, quiero ir a tu rol dentro de la gremial, porque la verdad es que, como sos pionera, sería importante que nos cuentes, digo, ¿Cómo enfrentaste ese proceso en una industria masculina, más allá de tu histrionismo y de tu facilidad también para aprender, pero ¿Cómo enfrentaste ese proceso al principio? ¿Y cómo lo llevás hoy?
NR: Yo entré en ADIMRA en 1995, o sea, yo siempre tuve lo mismo, cuando en Ciencias de la educación, yo estaba asociada a la gremial de ciencias de la educación.
Cuando entré en la fábrica, al muy poquito tiempo, hubo una exposición metalúrgica, y me hice socia de la cámara que me corresponde, empecé a trabajar en esa cámara, a ir a las reuniones, ese era todo mi trabajo, yo no sabía nada de absolutamente nada.
MC: ¿Y cómo eran esas reuniones?
NR: Ah, resistí. Yo tengo dos anécdotas que son invalorables.
MC: Contalas.
NR: La primera fue que que yo habré entrado, septiembre. Noviembre, cena de fin de año, mesa redonda, restaurante. Yo, mujer, y Graciela, la gerenta de la cámara. Resto varones, todo bien, ¿qué se yo?, te voy a decir algo entre paréntesis, yo daba la mano. Yo trataba de usted, no daba besos para no parecer fácil, para que no crean que soy una chica fácil. Bueno, hoy en día, nos abrazamos, nos besamos…. Se pusieron a contar chistes verdes, verdes, que no veo más verdes.
MC: Como si no estuvieras ahí.
NR: Como si no estuviéramos ahí. Yo pensaba, ¿Qué hago? Me levanto y me voy, me levanto y me voy, pero me quedo, me quedo, me voy, me quedo, me quedé. Me quedé, pero uno no puede decir en ese momento, no se decía, era muy bravo. Pero, bueno, se fue construyendo una relación.
MC: Espérate que no me quiero olvidar, y la segunda anécdota.
NR: La segunda anécdota ya es dentro de la empresa. Comprando, ya digamos, a los dos años, a un gran proveedor, en donde teníamos muchísimo problema de calidad con el proveedor. Una gran empresa hoy multinacional. Hice toda la escala de reclamos, por los rangos que correspondían hasta que yo me canso. Pido una cita con el Presidente hasta el día de hoy persona que yo aprecio muchísimo, muchísimo. Fue antes de los 90, por ahí, por los 90, yo tenía 40 años, más o menos, cuarenta y dos, cuarenta y tres, minifalda, sola, fui a la reunión que me concedió, pero minifalda, porque se usaba minifalda. Me recibe y veo que hay una mesa ovalada llena, llena de personas, todos varones, y yo sola, esas cosas políticas o de protocolo, como se llame. Estaba él y el directorio, más o menos. Bueno, estaba el gerente del que produce. El gerente de acá, de allá, del gerente comercial, el de finanzas… Yo venía a decirle que del cien por ciento que nos estaban entregando, el 60 por ciento era basura.
MC: ¿Y qué pasó?
NR: Yo tenía los cachetes colorados, yo creo que tendría 25 de presión, no sabía dónde meterme. Ese fue el inicio de una relación con el señor, con el ingeniero.
MC: Te respetó profundamente.
NR: Sí, vos sabes que sí. No tengo dudas. No era fácil.
MC: ¿Y qué notás ahora, desde voy a tomar esa anécdota como punto de partida, a lo que se vive hoy?
NR: Hoy no hay empresa, las empresas no tienen dueños, a ver cómo decirlo.
MC: Pero hay inclusión.
NR: Ah, inclusión de mujeres estás hablando. Sí. Hay, hay, bueno, en la fábrica, yo no sé, pero en los años, yo te digo, en principio, a los 90, yo puse la primera maquinista. Y no sabía nada, era una operaria que era empaquetadora.
MC: Y notás que actualmente sigue habiendo políticas de inclusión.
NR: Sí, sí,
MC: En el sector metalúrgico se nota que ya no está masculinizado y que hay un proceso interno de...
NR: Hay un proceso lento, nosotros no vamos a poder todavía borrar toda la historia que tenemos, porque la historia no es la de la metalúrgica, es toda la historia, de todas nuestras antepasadas, las brujas, las no brujas, y todas aquellas de toda la historia. Digamos, es un arduo, es un arduo camino, que es el de la cual salimos juntos con los varones. Juntos, solos no salimos. No hay una cosa por la otra, no.
MC: Exactamente. Están todos. Cuando se los separa, es cuando ellos se sienten excluidos, entonces, ahí no funciona. Ahí fracasamos.
NR: Yo veo, por ejemplo, en la crianza en general, lo que es mi hija que tiene hijos, y otras parejas jóvenes. Uno tiene la división del trabajo, las tareas de la casa, para una, para otra.
MC: Se complementa.
NR: Sí, sí. Exacto. Falta mucho pero bueno, estamos en camino.
MC: ¿Y plantándonos hoy por dónde crees que se debería seguir? Que no se está intentando, capaz.
NR: Bueno, ahora se cerró todo. Tenemos que seguir con las vías que podamos, creo que es en todos los lugares de trabajo, esto es un decir constante. Un decir constante es en los supermercados, en la fábrica, es militar la igualdad lo que hay que hacer.
MC: En el sector industrial y metalúrgico, propiamente dicho, Nora, ¿qué es lo que se necesita para crecer, evolucionar, mejorar en tecnología, aún en este contexto? ¿Qué notás que se debería mejorar? Hoy, desde donde estamos, también, ¿no? Que es un punto de partida difícil.
NR: Desde donde estamos y con lo que podemos, se necesita hacer conocer a asesores y a todas las personas que estén asesorando a diputados, a senadores, a personas que tengan decisión, y que tengan intención de lo que es la industria.
MC: Hay mucho desconocimiento del sector, se nota cuando hablan sobre todo, diputados, senadores. Pero no se los cuestiono, creo que no, no hay una verdadera vocación por levantar el teléfono y decir: "Nora, nos tomamos un café y me explicas si tengo que defender un RIGI o cuestionarlo, o qué es lo que necesitan". ¿Qué falta de eso?
NR: Creo que sí. Tampoco creo que todos tienen que saber todo. Claro, pero creo que los asesores, si no lo saben, también, porque a lo mejor no sé si se puede tener la infinidad de los N asesores, de acuerdo con los N tipos de industria que haya, pero dentro de la industria, hay comunes denominadores de que atraviesan a todos los sectores. Creo que tenemos que estar cerca, porque la salida es la industria, la salida es la industria.
MC: ¿Qué importancia le das a la innovación y a la sostenibilidad, en más allá del contexto, para que la industria argentina pueda llegar a ser competitiva a nivel global?
NR: Mucha. Creo que no tenemos marcha atrás. Creo que no todo tiempo pasado fue mejor. Creo que tenemos que hacer, y tenemos que hacer, no solo por los plazos que nos ponen los de afuera, o nos autoimponemos. Hay que hacer un trabajo cotidiano, también es una militancia de las buenas prácticas porque nos va a hacer mejor persona, porque mañana no voy a estar yo, pero digamos, este es un pensamiento, un pensamiento colectivo, solidario.
MC: ¿Y en tu fábrica ya hay tercera generación, o cómo podemos estar manejando?
NR: No, no, no, no, no.
MC: Repetirán tu historia de recién veinte años.
NR: No, no, no, veo por ahora, no lo veo por ahora, no lo veo, yo tengo 2 hijas, una es licenciada en letras, la otra es médica, tengo dos nietas, una estudia psicología y la otra todavía está en el secundario.
MC: Mira si salta la generación, mira si salta la generación.
NR: A lo mejor salta la generación, a lo mejor salta la generación; exacto como eso, no lo tengo en este momento, digamos, la descendencia familiar, he profesionalizado la empresa bastante. Y en la profesionalización, he tratado de transmitir los valores.
MC: ¿Delegar es fácil?
NR: No para nada.
MC: Como mujer te lo pregunto, como hombre es como otro perfil
NR: Bueno, no sé si será mi costado masculino, pero delegar no es fácil. Delegar no es fácil, y te voy a decir dos frases que a mí me costó mucho sacármelo, como aliento en la nuca, dichos por mis viejos. Y me llevó varios años de análisis y todavía me aflora: “los ojos del amo engordan el ganado”, y la otra fue que estaba al pie del cañón. Yo había hecho viajes larguísimos, por trabajo, exposiciones, y que se yo, he llegado a Ezeiza y me he ido a la fábrica. Porque eso de descansar… es todo un aprendizaje.
MC: Me quedo con esto que dijiste profesionalizaste el trabajo en la fábrica, entonces ¿Cómo fue ese salto? Porque una cosa es que te cueste delegar, pero aun así lo hagas a regañadientes, y otra es que vos armaste un plan de producción.
NR: Yo armé, exacto, a ver, pero ¿con qué? Con la misma gente, más una sola persona que la habíamos tomado, yo la había tomado, pero porque me dijo en la entrevista que le pregunté: "¿Por qué querés? ¿Por qué te parece?" Porque venía de otro lado que yo conocía.
MC: A vos reclutabas la gente para...
NR: Yo ponía los avisos en Clarín, y tenía tres cuadras y las entrevistas las hacía.
MC: ¿Y qué te dijo esta persona?
NR: Esta persona me dijo: "Esta empresa tiene futuro".
MC: ¿En qué necesidad tal caso?
NR: Y venía de las finanzas, yo de finanzas, cero, muy poco. A mí me gusta la producción, hoy hacemos una dupla excepcional.
MC: Pero es una persona que viene al mundo de las finanzas y quiso ir al mundo de la producción. Cuando todo se da al revés
NR: Exactamente, sí, sí.
MC: Había que retener ese talento.
NR: Sí, sí, y después hubo ascensos, hubo un maquinista, fue jefe de producción, hoy es gerente comercial. Entonces, en esa manera, eso no quiere decir que yo no llegue a la mañana y justo veo lo que no hay que ver.
MC: Y bueno, pero eso es ese es tu ADN. No sé. No podés pelear contra tu ADN.
NR: Sí, eso es así, viste, eso es así.
MC: ¿Qué mensaje le dejas, Nora, a los sectores metalúrgicos, industriales, emprendedores, hombres y mujeres?
NR: Fundamentalmente digo, no me quiero morir sin que esto no trascienda, y el esto, es que pensemos a lo grande, y pensar a lo grande para mí es pensar en todos, es pensar en todos, o sea, nadie se salva solo; nadie se salva solo, en ningún lugar se salva solo, nadie.
MC: Coincido con vos, un placer.
NR : No, gracias a vos.